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La ética del Periodista con las Fuentes y una docena de lecciones sobre su gestión

El papel de las fuentes en el Periodismo es vital, algo de lo que ya te he hablado en varias ocasiones en Bloggy Mary y que te enlazo al final del artículo. Sin embargo, en la web de Clases de Periodismo, me he encontrado con un muy interesante libro (son 170 páginas) que me ha aportado otros puntos de vista imprescindibles para tratar con ellas y que quiero compartir contigo.

Se titula “Háblame de tus fuentes” pero es el subtítulo el que te da la pista de lo que puede aportar: aprendizajes de veinte reporteros de investigación iberoamericanos, lo que también incluye a un par de españoles. Esas entrevistas, las experiencias que cuentan, nos dan más información sobre cómo gestionar y tratar a las personas claves que cualquier sesudo tratado sobre el tema.

Háblame de tus fuentes - Aprendizajes de veinte reporteros de investigación iberoamericanos

Hay tres conclusiones claras con las que me he quedado tras la lectura: lo imprescindible que es la ética, las dudas que se generan para respetarla y la necesidad de ser idealistas, de querer cambiar el mundo a pesar de lo que vemos.

Según uno de los entrevistados, Edmundo Cruz, los principios que deben regular el periodismo de investigación, tan unido a las fuentes como el sol a la tierra, son cuatro:

  • Principio de independencia: una relación libre de condicionamientos, sobre todo, con el poder, sea de estados, de empresas o de los propietarios de los medios.

  • Principio de responsabilidad: debemos ser justo eso, responsables. Y unido a él,

  • Principio de verdad: no creo que haga falta si quiera explicarlo. Verificar todo, de forma flexible pero contundente, acorde con un planteamiento estratégico que puede cambiar según se desarrolla la investigación. Siempre utilizando como guía el sentido común.

  • Respeto por la privacidad de las fuentes.

Y qué derechos tiene una persona que se convierte en fuente. En primer lugar, deben conocer la implicaciones que supone este hecho. Además, ha de recibir información veraz del periodista (de nuevo, el tercer principio), tener la seguridad de que no se distorsionarán sus palabras y de la confidencialidad que la protege, según el acuerdo al que se llegue. Por último, debe recibir un trato justo y tener la posibilidad de dar su versión si son investigadas.

En el libro, también se explican los diferentes tipos de fuentes. A saber:

  • Según la relación de la persona con el hecho investigado, pueden ser ocasionales, colaterales, interesadas, procuradas (las que se curra el periodista) y resistentes (las que no quieren hablar).

  • Según la duración de la relación, son estables o provisionales, también llamadas informantes. Estas se dividen en las que entregan toda la información y se van; y las que van desvelándola poco a poco.

  • Según la posición desde la que actúa, se dividen entre públicas y privadas.

  • Y según su actitud, serían activas (ávidas o compulsivas) y pasivas (resistentes o abiertas).

Qué combinación entre estos cuatro tipos crees que puede ser la más efectiva como fuente y que dé un enfoque más equilibrado de la noticia. ¿Quizás las resistentes, provisionales, públicas y pasivas? Espero que me lo cuentes aquí o en las redes.

quién es la mejor fuente en periodismo

La mejor parte del libro es cuando los protagonistas empiezan a recordar sus espectaculares trabajos. Ahí es cuando me quedé enganchada. La docena de lecciones que saqué de ellos la tienes a continuación:

  1. La generación de confianza requiere mucha empatía y cuidado. Debe prevalecer el interés del público, algo cuya responsabilidad (segundo principio) asume el reportero y que no es fácil. Tu reputación como periodista es lo único que tienes: defiéndela.

  2. ¿Defensa o catarsis? Hay que llegar a la fuente, en la medida de lo posible, muy bien informado, con avances para mostrarle y ver cómo reacciona.

  3. Al tratar con ellos, hay que explicarles por qué deben contar su historia y prepararles para las consecuencias de salir en los medios, sin darles falsas esperanzas de ningún tipo. La prioridad es la persona, no la exclusiva. En este sentido, puedes ocultar o no que eres periodista. A lo mejor, debes revelarlo si hay alguien en peligro.

  4. Debemos estar atentos a nuestras intuiciones. Si no te sientes cómodo/a, puede ser por algo que se derive de la fuente (una reacción, por ejemplo). Y además tener muy claros los posibles intereses que están detrás. Por eso mismo, nada de pagar por la información, ni siquiera dejarte invitar o que te inviten a un café.

  5. Hay que cuidar la seguridad de la persona (y la propia, claro). Para ello, el lugar de reunión es fundamental y no puede dejarse al azar. Esto, en televisión, plantea una serie de dilemas donde hay que confrontar la comodidad del entrevistado con tener un entorno visualmente atractivo.

  6. A este respecto, ten presente que las redes sociales pueden ser un problema porque podemos descubrir la identidad de la persona.

  7. Ni la fuente es una amiga ni es conveniente convertir a los amigos en fuentes. Si se da el caso, deberás valorar el pasar el reportaje a otro periodista.

  8. Cuidado con los prejuicios y con vulnerar la presunción de inocencia (uyyy). Los periodistas no somos jueces, no juzgamos. Nada de ridiculizar, ni quedarnos solo con las declaraciones que reafirmen lo que queremos probar.

  9. Volver a las fuentes las veces que sean necesarias para corroborar otras informaciones que tengamos y también una vez publicada la noticia.

  10. Realiza un pequeño análisis psicológico de tu interlocutor (también haz caso de tu intuición) para ver cómo entrarle. Lo normal es empezar suave, dar caña en medio y plantear la pregunta gorda, la que de verdad te interesa, al final, antes de irte. Hazla con honestidad y ve al grano.

  11. Debes estar preparado/a para entrevistas improvisadas: “hay ciertas entrevistas que las haces en el momento o las perdiste para siempre”.

  12. Deja un tiempo prudencial entre la última entrevista y la publicación de la noticia por si se abren mientras otras líneas de investigación de interés.

Te recomiendo la lectura reposada de este libro que seguro te va a abrir otras perspectivas, además de sentir una cierta envidia, claro 😉

Estos son los principales artículos de Bloggy Mary en los que he tratado sobre las fuentes:

Espero tus comentarios y que compartas el artículo si te ha gustado

María Rubio

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#InformeAPM2017: Los propios Medios son los que presionan a los Periodistas

Un año más, y van trece, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) publicó un nuevo informe sobre la situación de la profesión en 2017 que, de nuevo, en general y con un leve matiz, vuelve a ser descorazonadora: más presiones (e incrementándose), pocas mujeres en puestos directivos teniendo en cuenta el porcentaje en las redacciones, salarios inferiores y decreciendo,… Salvo una ligera recuperación en los índices del paro, nada nuevo bajo el sol, en realidad.

Presentación del Informe sobre la Profesión Periodística 2017 - APM

Uno de los puntos que me han llamado la atención es que, por fin, se ha normalizado el hecho de que los profesionales del sector que trabajamos en Comunicación somos también periodistas. Es más, esta función se ha consolidado como una salida válida para nosotros. Ya no hay voces entre el público que disientan porque en el estudio se incluya la situación de los comunicadores, aduciendo que no son válidos porque no ejercen en medios. Parece que, ahí, vamos avanzando.

Me gustaría en este artículo de Bloggy Mary, exponer las conclusiones del informe pero, sobre todo, centrarme en lo que creo que puede pasar en este año, del que llevamos casi un mes, con la profesión de mis amores.

Estoy especialmente preocupada por las presiones que reciben los informadores y por las contestaciones que, al respecto, dan los comunicadores.

En un mundo donde las noticias falsas (fake news) campan a sus anchas y se necesita, más que nunca, un punto de vista clarificador, me encuentro con que cada vez se elaboran menos noticias propias, es decir, más a las procedentes de agencias y menos a la investigación que, como ya dije en otro artículo, ni está ni se la espera. Argumentaba Luis Palacios, con razón, que “el periodista se ha convertido en un mero recopilador de informaciones en vez de generar información original”.

Uno de los grandes problemas que siempre han sufrido los periodistas es que los poderes políticos (19%) y económicos (17%) intenten sesgar las informaciones, cuando no manipularlas directamente. Es algo que tenemos asumido, creo, desde la misma facultad o incluso desde antes. Pero que sea tu propio medio (55%) el que lo haga o tu antiguo colega (7%) que ahora trabaja en “el lado oscuro”, me resulta, cuanto menos, desconcertante y triste.

Ahora los profesionales se encuentran con que, ¡oh, colmo de los colmos!, en vez de tener el respaldo de periódico, agencia, radio o televisión para la que trabajan, ocurre justo lo contrario. Esta situación se agrava porque hay un creciente número de autónomos, sobre todo en los digitales (37%), que se ven imposibilitados para luchar contra dichas presiones por falta de apoyos, incluso de sus propios compañeros de redacción. Confirmaba Victoria Prego, en la presentación del informe, que hay un “creciente número de autónomos en situación de desamparo económico, laboral y legal”. Dicho queda.

Para empeorar las cosas, resulta que más de siete de cada diez directores de comunicación (dircom) considera que debe presionar a los periodistas para conseguir que redacten a favor de los intereses de sus clientes. ¡Menos mal que el 50% nunca lo ha hecho! ¿Y la otra mitad? El 27% considera que esta práctica no debería ejercerse nunca. Lo curioso es que solo el 0,8% admite haberlo hecho. Ummm, ¿vergüenza o verdad?

Presión sobre los periodistas

Por supuesto, nos escondemos tras una realidad: somos meros “transmisores” de presión; nosotros la recibimos y se la mandamos a los compañeros. Esto es, en vez de actuar como parapetos, buscando razonar con el cliente (sí, me he visto en varias tesituras similares), mandamos la tensión a los que están en medios.

Y todo ello para cambiar, el 50% de las veces y lo más grave, la orientación de una noticia, para modificar el titular (27%) o para incluir otra información (17%). Y lo más de lo más, el 60% se aplica la autocensura.

Me temo que la situación seguirá igual o incluso se agravará. Luis Palacios, director del informe de la APM, señalaba durante la presentación que se han vuelto a abrir negociaciones para la reducción de plantillas y de sueldos en algunas empresas editoras. Una mala noticia, sin duda, para un sector que ha salido de la crisis más que tocado.

Como es lógico, visto lo visto, la imagen que pensamos que tiene el público sobre la profesión es muy mala; ni siquiera conseguimos el aprobado, un 4,4 sobre 10. Lo bueno es que ha ido subiendo, décima a décima, desde 2015. Los porqué se repiten un año más: sensacionalismo y hacer de la información un espectáculo, la falta de rigor y de calidad de esta, y los intereses de los grupos.

Sin embargo, nuestra credibilidad (lo que piensa de verdad la gente sobre nosotros) sí aprueba, raspado pero lo consigue: un 5,5 sobre 10… aunque baja dos décimas respecto a 2016.

Esta situación es muy probable que empeore si no ponemos los medios a nuestro alcance para solucionarlo. Hacía referencia Luis Palacios a un estudio de Reuters que no pudo incluirse en el informe de la APM porque salió cuando ya estaba cerrado. En él los propios periodistas daban tres opciones para salvar estos problemas:

  • Diferenciar con claridad la información que se hace con criterio periodístico de la que no.

  • Separar mejor la opinión de la información.

  • Crear medios más plurales.

Desde luego, las medidas son de cajón y creo que estamos intentando implementarlas desde que el mundo es mundo pero sin ningún éxito. Me quedo, eso sí, con la primera porque es más que probable que resolviéndola, las demás caigan por su propio peso.

Más transparencia

El resto de problemas que asolan al Periodismo se repiten año tras año tras año y tras año sin ninguna respuesta. Al contrario, más bien se agravan: paro y precariedad (45,9%), mala retribución (16,1%), falta de independencia (14,7%), y falta de rigor y de neutralidad (13,4%).

Ante este panorama, qué nos vamos a encontrar para 2018: más de lo mismo.

  • Seguirá subiendo el trabajo autónomo. Las circunstancias obligarán a ello, igual que lo han estado haciendo en la mayoría de los casos (71,7%), según se ha presentado en el informe. Sobre todo ocurrirá en el tramo intermedio de edad, entre los 30 y los 44 años, lo mismo que ahora (ha pasado del 30,1% de 2016 al 42% de 2017, una barbaridad).

  • Habrá un mayor trasvase desde el trabajo en medios hasta el de comunicación, que ofrece, por el momento, muchas mejores condiciones.

  • Las presiones continuarán y será más difícil resistirse a ellas, lo que condicionará la credibilidad de la profesión ante el público, ya bastante desgastada.

  • No se solucionarán ninguno de los problemas y probablemente se agraven: remuneración en descenso, desigualdad hombre/mujer, paro,… Las recomendaciones de Reuters servirán para nada y menos.

Quiero terminar con cuatro datos positivos esperanzadores:

  • Llevamos tres años consecutivos en que disminuye el desempleo, poco, pero algo es algo.

  • Por primera vez, el número de mujeres en puestos directivos dentro del sector de la Comunicación supera al de los hombres. Vamos a hacer la ola que estamos en el 52%.

  • El porcentaje de mujeres que trabajan en los nuevos perfiles profesionales que van apareciendo: gestor de contenidos digitales, desarrollo de proyectos de información, periodista de datos, gestor de comunidades digitales, publicidad netiva y contenido patrocinado, y analista de datos y tráfico.

  • Estamos satisfechos con lo que hacemos en el 64,5% de los casos, cinco puntos más que el año pasado.

Te dejo con la presentación del Informe de la Profesión Periodística 2017. Cuando lo veas, me gustaría conocer cuáles son tus impresiones. Gracias por comentar y por compartir la entrada si te ha gustado.

María Rubio

Artículos sobre los informes precedentes (de 2016 a 2013):

#FakeNews: no dejes que la verdad te estropee un buen titular

Encabezo este artículo con una frase, en principio, atribuida a William Randolph Hearst, que también dijo otra que viene al pelo: “I make news” (“Hago -fabrico- noticias”). Como ves, la manipulación o directamente el inventarse o provocar noticias no es algo nuevo pero ahora alcanza una expansión y tiene un poder descomunal debido a la capacidad de difusión que le otorgan los medios sociales.

#FakeNews

Esta semana, en dos ocasiones, uno de mis contactos en Whatsapp publicaba en un grupo una petición para ver un determinado vídeo y, con ello, conseguir donar cierta cantidad de dinero para una campaña sobre salud infantil de una ONG.

Puede que la primera vez piques pero cuando has recibido el mismo mensaje en varias ocasiones a lo largo del tiempo, es evidente que algo anda mal. Y era así. En cuanto indagué un poquito, lo que tardó en cargarse la página, vi que el vídeo era de octubre de 2013. Ya lo habían compartido la mayoría de las personas del grupo… y somos unas cuantas.

No sé cuál será la razón para que esta desfasada campaña siga apareciendo cada cierto tiempo pero me sirve como ejemplo para comprobar cómo estamos rodeados de noticias que, en este caso, no son exactamente mentira pero que, en otros, sí y, en muchas ocasiones, muy perjudiciales para empresas, marcas, países y personas.

Solo hay que ver lo ocurrido con las elecciones norteamericanas o, más recientemente, con la declaración de independencia catalana. Pero no se limita a ellos. Según Freedom House en una noticia que publica Portaltic, “Las tácticas de desinformación online intervinieron en las elecciones de 18 países en el último año”. Todo un problema que la Unión Europea intentan contrarrestar con un grupo especial, el East Stratcom Force, que identifica y actúa contra los bulos desde hace un par de años.

A parte de desestabilizar gobiernos y países, qué ganan los promotores de semejantes iniciativas y cómo se fabrican. Un estudio de Trend Micro, que analiza muy bien Juan Feal, de Lewis, nos proporciona las respuestas (y a mí, la idea del título en este post de Bloggy Mary). Te recomiendo que leas el artículo completo.

De él se sacan una serie de conclusiones bastante estremecedoras porque estas historias no solo buscan la desinformación sino que encima sus promotores sacan dinero de ellas a través de la publicidad. Por supuesto, los intereses económicos, como las caídas o subidas en bolsa, también están detrás de muchas de las manipulaciones, aunque el ámbito político es el que se lleva la palma. Y, además, invirtiendo poco dinero.

precio de las noticias falsas en China - Fake News

Fotografía recogida del artículo de Juan Feal en el blog de Lewis

Utilizan todos los medios a su alcance para conseguir que nos traguemos las noticias: campañas de crowdsourcing, eliminación de noticias, indicadores de rendimiento (KPIs), eliminar contenidos, manipulación de votos,… y campañas integradas, empaquetadas y listas para que cualquier desaprensivo con un poco de dinero, consiga acabar con la reputación de periodistas, movilizar a las masas o crear influencers desde cero. ¿A que te resulta aterrador?

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Las fake news o noticias falsas juegan con la psicología humana y con la mínima capacidad de atención que ha traído la sociedad digital. Por un lado, somos proclives a considerar como verdad aquello que se amolda mejor a nuestras propias creencias y, por el otro, leemos solo los titulares de las noticias, sin detenernos a analizarlas. Cuanto más llamativos sean, mejor.

Este atentado contra la información tiene un aspecto positivo. Los medios tradicionales, cuya lectura requiere cierto reposo y que tienen más tiempo físico para contrastar los hechos, empiezan a considerarse como una fuente de noticias veraz y fiable. Las redes sociales, por el contrario, ofrecen cada vez menor confianza. De ahí que muchas de ellas, estén implementando acciones para luchar contra las fake news.

Tampoco salen bien parados los medios digitales, imagino que contagiados por lo que ocurre con las redes. Ahora y siempre, no sé en el futuro, aquello que está escrito nos produce una mayor sensación de seguridad. Otra vez la psicología humana entra en juego.

Aunque no aparece España, un estudio elaborado por Kantar en Francia, Gran Bretaña, EEUU y Brasil, “indica que el fenómeno de las noticias falsas refuerza la confianza en los medios tradicionales frente a los digitales”. Las más beneficiadas son las revistas precisamente por el argumento que esgrimía en el párrafo anterior. Después los canales de noticias de televisión y de radio, y los periódicos del domingo.

Confianza en las noticias - Kantar

Gráfico recogido en la noticia de Marketing News sobre el estudio de Kantar

Pero este fenómeno resulta aún más positivo puesto que “el 40% de la audiencia consulta más tipos de medios de comunicación que antes para informarse”. Es decir, contrastan las noticias, lo que acaba también con el escoger solo aquellos soportes que reafirmen las propias opiniones, sobre todo si son usuarios de redes sociales. Desde luego, no hay mal que por bien no venga, como dice el refrán.

Así pues, tenemos el cómo, tenemos el porqué y tenemos la forma de evitarlo, en parte, eligiendo informarnos a través de los medios de comunicación. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que estos, formados por personas, también pueden caer en la trampa.

Hemos visto lo impresionante y sofisticadas que resultan las herramientas que utilizan estos, cómo llamarlos, ¿desaprensivos? (lo sé, me quedo corta). Y las bondades de la Inteligencia Artificial para crear y desmentir dependerán de quién la utilice.

Somos nosotros, los consumidores, los que tenemos en nuestras manos luchar contra esta lacra. Según la consultora Gartner, en 2022, la mayoría de las noticias que nos creeremos en los países occidentales serán falsas y, lo peor, cada vez menos inofensivas.

Vamos en el buen camino al contrastar las noticias. Además, hemos de acentuar nuestro espíritu crítico y analizar muy bien el contexto, el canal, el lenguaje, el diseño de la web, la url y cualquier otro elemento que nos pueda dar pistas sobre la verosimilitud de lo que estamos leyendo o viendo. Y cuidado con las fotos, que las carga el desaprensivo de turno.

Asimismo, un elemento que ayudaría en gran manera es la educación. Es imprescindible formar a los jóvenes para que dejen de ser borregos, todos uniformes en sus opiniones, se hagan y nos hagan preguntas difíciles, aprendan a diferenciar las noticias falsas de las verdaderas con criterio. Sí, sé que con el sistema educativo actual “pinta en bastos”. Ahí es donde entran, al menos, los padres y los profesores.

Por lo tanto, educar, contrastar, observar y elegir medios que sean de confianza son los pilares que nos permitirán luchar contra las fake news. Teniendo en cuenta el ritmo de vida que llevamos y que leemos en diagonal, tengo mis dudas de que ganemos esta batalla por el derecho a la información, aunque, como hemos visto, hay atisbos de esperanza.

Sé que siempre han existido y que siempre existirán estos burdos intentos de manipulación (bueno, ya no tan burdos) pero no a estos niveles y con semejante poder. Depende de ti y de mí quitárselo.

¿Estás dispuesto/a? ¿Te ofrecen confianza los medios digitales o solo los tradicionales? ¿Contrastas la información? ¿De qué otras formas lucharías contra las noticias falsas? Espero tus respuestas aquí y en las redes sociales, que para el debate son estupendas.

Gracias por tus comentarios y por compartir el artículo de Bloggy Mary si te ha resultado interesante.

María Rubio