Relación entre Periodistas y Comunicadores: Protocolo de actuación

Hay que ver lo que complicamos cosas que, en principio, son fáciles de solventar con un poco de buena voluntad por ambas partes. La relación entre periodistas y comunicadores viene siendo difícil porque una parte desconfía de la otra, algo curioso si tenemos en cuenta que cada vez más profesionales de la información acaban en gabinetes, departamentos o como autónomos en el “lado oscuro”, como alguno se empeña en señalar en las presentaciones de los informes anuales de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Y es que el número de licenciados que terminan ejerciendo fuera de los medios, ya es casi igual en porcentaje a los que están dentro de ellos.

periodita vs comunicador

Así que, nos encontramos ante un panorama en el que nos unen más puntos, empezando por la formación, que los que nos separan. Sin embargo, ahí estamos, al extremo de que la Asociación de Empresas Consultoras en Relaciones Públicas y Comunicación (ADECEC) y la Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM) se han preocupado y ocupado en redactar un “Manual de buenas prácticas en la relación entre los profesionales de la Comunicación y los periodistas” que te incluyo a continuación:

Se trata, como podrás leer, de un auténtico Protocolo de actuación para ambos colectivos. Lo interesante es comparar lo que unos dicen de los otros. Lo puedes ampliar para verlo mejor:

Opiniones - periodista vs comunicador y viceversa

En el fondo, como se señala, las peticiones se resumen en dos palabras: profesionalidad y empatía. Ambos colectivos piden una actitud abierta y colaborativa, donde exista sinceridad (dime que no, si es no; dónde está el problema) y respeto por la labor de cada uno, donde las noticias se contrasten y completen,… En definitiva, buscamos lo mismo, tenemos la misma formación en muchos casos y, aún así, andamos a veces a la gresca.

Hace un tiempo, en el seguimiento de una información, me encontré con una llamada que me descolocó por completo, y mira que llevo casi dos décadas trabajando en Comunicación. Marco el teléfono de una radio de ámbito nacional pero en una redacción local, dentro de una provincia cuya sede era la central de la comunidad autónoma en cuestión. Pregunto a la persona que me atiende por el periodista al que le mandé la nota de prensa. No solo no me pasó con él sino que me dijo que cuánto le iba a pagar por emitirla en la emisora. Por supuesto, le expliqué lo que es una nota y lo que un profesional de verdad suele hacer con ella (no me interesa, la guardo, cuéntame más, etc.). Y aquí viene la mejor parte: me suelta la buena mujer que ellos están ahí para ganar dinero (no para informar) y que qué me he creído. Opté por despedirme educadamente, colgar, señalar la emisora en rojo en mi base de datos y olvidarme de llamarles más, aunque les seguí mandando las notas por si acaso.

cara de sorpresa

También me ha pasado el tener que explicar al periodista la diferencia entre una nota de prensa de verdad y la publicidad de una marca porque se empeñaba en pasarme con el departamento correspondiente. A ver, que no, que la información que te mando es para que te sirva como base para la tuya, que quiero que la contrastes, la complementes y la saques, que soy en realidad una fuente; no me gusta que publiques tal cual lo que te mando porque le quitas el valor que podría tener con tu aportación. Lo entendió.

En otra ocasión, mandé una convocatoria de rueda de prensa. Había venido expresamente para ella un gran investigador internacional muy reconocido en su campo. Nosotros estábamos en Madrid pero el cliente era de la Comunidad Valenciana y disponía de una persona como enlace de prensa, por lo que no hizo falta trasladarnos allí. Hicimos el seguimiento de la convocatoria y, dada la talla del invitado, nos confirmaron alrededor de treinta medios. Llega el día y la hora. Quince minutos más tarde del tiempo indicado, nos llama dicho enlace pidiéndonos explicaciones: no había acudido absolutamente nadie. Nos pusimos como locos a marcar teléfonos a ver qué pasaba. Había surgido otra noticia pero ninguno de los medios acreditados había tenido la deferencia de avisarnos de que no iban a acudir: ninguno. Imagina el panorama…

rueda de prensa desierta

Por supuesto, los periodistas me han contado mil y una anécdotas de comunicadores muy poco profesionales que les intentan hacer chantaje, en plan “si no me publicas esto, te quitamos la publicidad de nuestra empresa”; les presionan para que les digan cómo, cuándo y dónde van a sacar la noticia (perdona, pero eso no te lo puedo decir porque ni yo mismo lo sé); les exigen el envío de la información antes de que aparezca en el medio, cosa que haré si me parece pero no porque tú me lo digas; les mandan noticias absurdas y sin interés, y les piden explicaciones por no publicarlas; etcétera. Aquí todas las partes “cuecen habas”, por eso es tan importante la profesionalidad.

Cuando hablo sobre periodistas, siempre utilizo la palabra “compañeros” pues para mí lo somos: he ejercido como tal durante un tiempo en prensa, radio y televisión, conozco los medios y estudié Periodismo. No lo digo por decir, sino porque de verdad lo siento así. Y no soy la única, somos muchos. Ambas partes colaboramos para hacer llegar la información al público que le puede interesar. Es cierto que, como comunicadora, intento fomentar la imagen de la marca pero tú, como periodista, también estás defendiendo la línea editorial de tu medio. Y todos nos conocemos bien.

Así pues, está fenomenal crear un decálogo de buenas prácticas pero preferiría mejor un Protocolo de actuación que nos incluyera a ambos lados de la noticia. Podría ser el siguiente:

  • Todos estamos hasta arriba de trabajo y el tiempo es tan valioso para ti y como para mí: seamos educados, y mejor si es cordiales, en el trato.

  • Respetemos a nuestros destinatario común: el público. Y eso significa ofrecerle la mejor información posible.

  • Seamos conscientes de que nos unen más cosas que nos separan y actuemos en consecuencia.

  • La sinceridad es una virtud. Como comunicadora, prefiero un “no me interesa” a un “sí” que luego resulta ser un “no”. En el papel de periodista, dime la verdad, por ejemplo: “oye, mira, el cliente me ha presionado para enviarte la nota pero sé que no es noticiable, aunque te la he mandado porque a lo mejor te da una idea para una información”, y no me “vendas” lo buena que es tu empresa.

  • Conozcamos a la otra parte, sus virtudes y sus defectos en lo que se refiere a los puntos de vista que cada uno defiende; conozcamos su trabajo o, al menos, tomémonos la molestia de hacerlo. Eso hará que surja la empatía.

Con un poquito de buena voluntad y profesionalidad, conseguiremos una adecuada relación entre ambas partes de la que nos beneficiaremos todos, incluyendo el público. Esto es aún más importante ahora, cuando las propias marcas se están convirtiendo en distribuidores de contenido.

Fíjate, me ha salido un artículo donde reúno los tres ámbitos de Bloggy Mary: Comunicación, Periodismo y Protocolo. Para que luego digan que no tienen nada que ver.

Por cierto, qué otro punto añadirías al Protocolo en la relación entre periodistas y comunicadores.

Gracias por comentar y por compartir.

María Rubio

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