El huevo y la gallina televisiva

Este fin de semana, en conversaciones con diferentes personas y en muy distintos momentos, han surgido múltiples críticas al contenido de nuestros canales de televisión. Aunque todos entraban en el saco, el mayor protagonismo se lo llevó Telecinco. Obviaré alguno de los calificativos pero, en resumen, se referían a la calidad de unos programas que solo buscaban el sensacionalismo y la controversia mal entendida para hacer caja. A la hora de personalizar en alguien, las posibilidades fueron múltiples. Sin embargo, Jorge Javier Vázquez, Karmele Merchante y, sobre todo, Belén Esteban se llevaron la palma.

Foto del programa

Al hilo de esto, empecé a pensar en el conflicto que se organizó hace unos meses (en la primera quincena de noviembre de 2011) con la retirada de anunciantes de La Noria a raíz de la aparición en ella de la madre del “Cuco”, uno de los imputados, en ese momento, por la muerte de Marta del Castillo. Después del revuelo, no pasó nada y el olvido sepultó las buenas intenciones.

Las cosas siguen como estaban con un ajuste en la programación de la cadena, que incluyó un supuesto debate “serio” antes y retrasó este espacio a un horario más nocturno, fuera, a priori, del “prime time”. De repente, me vino a la cabeza la frase que Tancredi dirige al príncipe en el Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”.

Sea como sea, Telecinco es la cadena más vista en marzo, después de seis meses de liderazgo de La 1, con casi un punto de diferencia (datos de Barlovento Comunicación), mientras que Antena 3 se situaba cuatro décimas más atrás. Si seguimos analizando los resultados, aún podemos incrementar el susto para los detractores de las cadenas de Mediaset (T5, Cuatro, FDF, La 7, Boing, Divinity y Energy). Entre todos, se hicieron con un 27,9% de cuota de pantalla, seguidos por el grupo CRTVE (La 1, La 2, Clan, 24H y Teledeporte), con un 19,4% de cuota. Para los profanos, significa que veían de media las emisiones de Mediaset durante el mes de febrero, casi un 28% de todas las personas que vimos televisión, ocho puntos y medio por encima de las públicas. ¿Escalofriante? Pues depende del punto de vista.

Montaje con los logos de los principales grupos mediáticos españoles

Vayamos por partes. Cuando estudiaba periodismo, nos enseñaban que la televisión (en este caso) tenía como misión formar, informar y entretener. También es cierto que las cadenas privadas se mantienen gracias a los beneficios que les aporta la publicidad y que esta entra según la audiencia y la cuota de pantalla de los programas, siempre dentro de una segmentación lógica, es decir, Nenuco, por ejemplo, no se puede poner a anunciar sus productos en Gran Hermano porque las personas que lo ven no son, de entrada, ni prescriptores ni compradores habituales de estos.

Lo de formar hace mucho que pasó a un segundo plano en gran parte de los canales con pocas y honrosas excepciones. Lo de informar, permitidme que lo obvie pues requiere de un análisis más pormenorizado. Y pasamos a entretener, lo que pretenden, según creo, los contenidos de la gran mayoría de las parrillas de programación, sea cual sea la cadena. La gran pregunta es si esta misión debe darse a cualquier precio.

Así llegamos a el quid del problema de si fue antes el huevo o la gallina. ¿La televisión que disfrutamos o padecemos es por culpa de los espectadores o por culpa de los grupos mediáticos? Pues veréis, en mi opinión, ambas partes tienen su cuota de responsabilidad.

Balanza

Por un lado, las cadenas tienen que financiarse y si han encontrado un nicho en la población interesado por este tipo de contenidos que, por otra parte, son baratos de producir y de realizar comparativamente hablando, es lógico que opten por ellos. ¿Ético? No sabría decir, aunque a mi entender, no demasiado. ¿Beneficioso? Pues no. Pero, como veíamos, no se trata de educar sino de entretener.

Por el otro, los espectadores demandan estos contenidos porque en caso contrario no deberían tener el éxito que tienen. Es trabajo de un sociólogo o de un psicólogo averiguar cuál es el motivo último de que esto ocurra. Imagino que está muy relacionado con los corrillos de cotilleos que se formaban antes en los pueblos pues, por lo visto, nos interesa más la vida ajena que la propia (hablo en general).

Así se juntan dos “necesidades”, las de las cadenas por ganar dinero y las de la población por obtener su dosis diaria de realidad ajena, no sé muy bien si para comparar con la propia y sentirse por encima o por debajo, o si hay otro sentimiento implicado. ¿Qué opináis vosotros?

Logo de TelecincoAmbas tendencias confluyen en Telecinco, que ha sabido recogerlas muy bien. Una vez sobrepasado el efecto “no anuncios” de La 1, la cadena de Mediaset ha vuelto por sus fueros y es de nuevo líder de audiencia.

Dicho esto, no me parece de recibo que el entretenimiento sea a cualquier precio. La curiosidad de la gente debe tener un límite que la emisora no debe traspasar, como ocurrió con la entrevista a la madre del Cuco. Aunque tal vez sea mucho pedir, ¿qué tal incluir un código de buenas prácticas realizado por el propio grupo de comunicación donde se incorporen estos límites?

En ningún momento estoy fomentando la censura, por el contrario, intento que sea la propia cadena la que, como si se tratara de una empresa privada, que al fin y al cabo es, incluyera en sus estatutos algo de responsabilidad social. Sería una forma de evitar espectáculos bochornosos y una mala prensa que, aunque de momento no les ha pasado factura (al contrario, de hecho), puede hacerlo en cualquier instante como casi les ocurre.

¿Qué opináis vosotros? ¿Abogaríais porque los grupos mediáticos tuvieran un código de conducta realizado por ellos mismos? ¿Creéis que a lo mejor debería crearlo el Estado? ¿Qué pensáis que debería incluir?

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2 Respuestas a “El huevo y la gallina televisiva

  1. Yo creo que esto se debería preguntar en las redes sociales y que el estado seleccione lo más interesante y loable, después deberían obligarles a ponerlo en práctica, por el propio beneficio del grupo mediático. Pero con libertad y sin perder la identidad que quieran tener aunque la mayoría deja mucho que desear.
    Un saludo.

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    • Muchas gracias, Rodrigo, por tu opinión. Al hablar de “acotar” a los medios de comunicación, hay que ser muy cuidadoso. La intervención estatal, a mi entender, debe ser mínima o inexistente, igual que tampoco se interviene en cualquier otra empresa privada. Muy interesante aportación, sin duda, para iniciar un debate.

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