Contrastar o errar, he ahí la cuestión

Hace poco más de un mes, en un post titulado “Juicio a las redes sociales: no culpables”, señalaba: “Los periodistas hemos pasado de tener como fuentes informativas las agencias de noticias y de comunicación, los contactos y el trabajo de campo, a añadir una más: las redes sociales. Punto. Se trata, por lo tanto, de informaciones que, al igual que hacíamos antes, habrá que contrastar… pero, sobre ello, hablaré en otro post”. Bien, pues hablemos.

Reloj de arena como paso del tiempoLlevo ya casi tres lustros (cómo pasa el tiempo, por Dios) ejerciendo mi profesión en el ámbito de la comunicación corporativa. He visto el tránsito del “no sé qué es eso ni le veo utilidad” al “me interesa”; del tener que convencer de las bondades y de la necesidad de que una empresa tenga una buena imagen a través de la comunicación, a que ya no sea preciso ser expeditivo para hacerlo entender; en mayor o menor medida, el camino está hecho. Sin embargo, empezamos a encontrarnos problemas no por el lado del cliente, sino por el del medio.

Tal vez debería empezar por definir qué entiendo por comunicación en el sentido más profesional y corporativo, desde el punto de vista de mis compañeros periodistas. Para mí significa darles la noticia en su origen. Es un intercambio: ellos me ofrecen que la empresa salga en sus medios y, por lo tanto, vaya considerándose, poco a poco, como un referente en su sector; y yo les doy una posible idea para una información. Es decir, no se trata, como muchos quieren creer, de publicidad… al menos, si cada parte hace su trabajo.

Como periodista, me parece una aberración que los comunicados que mando salgan tal cual en Internet, en el periódico, la radio o la televisión de turno. No se trata de eso. Sé que la falta de tiempo en algunas redacciones es un obstáculo a veces insalvable, pero me niego a pensar que mis compañeros no quieren contrastar y ampliar las noticias. Forma parte de nuestro adn profesional, es intrínseco a nosotros.

Periódicos ingleses

Con la crisis, son muchos los medios, sobre todo locales, a los que les envías una nota de prensa y te llama el departamento de marketing para decirte que si quieres salir, tienes que pagar. Pero es que mi cliente, si quiere hacer publicidad, la hará; pásame las tarifas y yo se las hago llegar. Sin embargo, no es eso: se trata de comunicar, no de publicitar.

Y no solo el medio. No es la primera vez que hablo con un redactor y me suelta que ellos no hacen publicidad. Entonces me tengo que poner a explicar algo que debería estar más que sabido. Cierto, no haces publicidad ni yo te la ofrezco. Lo que te he enviado es información para que, en el caso de que te interese, tú contrastes y completes. No quiero que la saques tal cual. Por el contrario, prefiero que preguntes a otras personas o empresas referentes en el sector, que consultes estudios, que entrevistes a mi cliente y que hagas tu trabajo como periodista.

Alguno podría pensar que mejor que me publiquen la noticia según se manda desde la agencia. Error. En comunicación hay muchos aspectos a valorar. No es lo mismo que tu cliente salga él solo, a que, de repente, aparezca rodeado de la opinión de expertos en el sector. Por ejemplo, si llevara una empresa pequeñita de software, me encantaría que su nombre saliera en la misma información con compañías como Microsoft o Apple porque daría a mi cliente un mayor prestigio. No es lo mismo que si llevara a la propia Microsoft, claro, pero teniendo en cuenta que más del 95% de las empresas en España son pymes, la mayor parte de las que contraten mis servicios también lo serán y, desde luego, contradiciendo el conocido refrán y generalizando, las prefiero en buena compañía a solas.

Esto es sintomático. Cuando hablamos de las redes sociales, nos encontramos con una situación muy similar. Ahora no es solo una nota de prensa que podemos haber colgado, por ejemplo, en el perfil de Facebook, también es un twitt que se toma tal cual, sin contrastar, sin completar. En un medio de comunicación, la inmediatez es importante pero, a mi entender, lo es más la verosimilitud.

Un estudio muy recomendable: Mentiras desbocadas, medios de comunicación, Internet y marketing viral.

Si no se confirman las noticias, salen al aire y luego son un bluf, el medio se ha jugado una de las cosas más importantes que tiene: su imagen como informador. Es preferible tardar un poco más, hacer un par de llamadas y asegurarse de que lo que se ofrece al receptor es correcto y, además, completo. Si te haces fan o sigues a un grupo, hazlo también con el contrario para no perder la objetividad. Os recomiendo este libro (es de descarga libre), que se titula “Las diez mejores prácticas para medios sociales”, es un tanto repetitivo pero da muchas pistas sobre cómo afrontan los grupos informativos la presencia de sus periodistas en las redes.

Hay un sinfín de ejemplos de errores garrafales en medios por no hacer su trabajo. Las prisas, unas redacciones exiguas, el ambiente cargado de dudas sobre el futuro profesional,… mil y una justificaciones que llevan a ello. Es más que entendible pero, desde luego, no es disculpable. Sé que los que ejercéis en medios me diréis que yo no lo estoy viviendo, y es cierto. Sin embargo, sí que lo viví en la crisis de los años 90, que se llevó por delante al Ya, a Diario 16, al Independiente y a El Sol, entre otros. Conozco la sensación de no saber si mañana trabajarás, las presiones para sacar la información adelante, el tener que escribir e ir a cubrir (cuando podía) más de lo que era casi posible. Sé lo que es, por lo tanto, sé que no hay disculpas aceptables. Lo siento, no las hay.

La desilusión de la juventudAhora bien, dicho esto, también es cierto que los periodistas veteranos no suelen incurrir en estos errores. Suelen ser los pobres becarios que, según salen de la facultad entran con mucha, mucha, mucha suerte en un medio y con sueldos míseros, tienen que afrontar el mismo trabajo y casi el mismo nivel de exigencia que el de un profesional y, todo ello, sin un referente al que acudir. Sacan las noticias como rosquillas y así salen. Pasan de la ilusión, al desánimo; de adorar el periodismo, a pensar que ya no existe; por ello, ni se molestan ¿para qué? Respuesta: por prurito personal y por prestigio, pero eso es difícil de transmitir cuando todas tus esperanzas, se vienen abajo. Porque, no nos engañemos, el periodismo es algo vocacional; muy pocos se han hecho millonarios ejerciendo y lo normal es tener problemas para llegar a fin de mes. Así que, si te quitan la ilusión, poco te queda.

En resumen, la comunicación no es publicidad, solo lo es cuando el profesional no hace su trabajo. Y a ninguno nos interesa que sea así, ni a las agencias ni a los medios, ¿no creéis? ¿Qué pensáis vosotros?

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2 Respuestas a “Contrastar o errar, he ahí la cuestión

  1. Llevas toda la razón María. Como en muchas otras profesiones, las dinámicas de trabajo (“lo quiero para ayer”) se están llevando por delante una parte de la profesionalidad. He enviado comunicados institucionales que se han publicado tal cuál, cual, cuando lo que realmente proporciona credibilidad al medio y a la empresa o institución es un buen trabajo elaborado y contrastado. Las líneas entre comunicación, marketing y publicidad son hoy difusas, pero no debemos perder de vista que, a pesar de existir una evidente relación, hay diferencias. Buen post. Saludos!

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